El corto que debes ver para dejar de sentirte culpable cuando te m*sturbas

Y si un hombre tiene emisión de semen,

bañará todo su cuerpo en agua

y quedará inmundo hasta el atardecer.

-Levítico 15:16-17

La Biblia no expresa manifiestamente que la masturbación es un pecado. Sin embargo, distintos pasajes, líneas y enseñanzas han hecho que el acto de complacerse a uno mismo sea visto como inmoral. La religión católica indica que hombre y mujer fueron creados para procrear a la imagen y semejanza de Dios y que, cualquier acto sexual que no esté vinculado con ese propósito, es impúdico, deshonesto y lujurioso. A lo largo de los textos “sagrados” se presenta la idea de que usar el cuerpo que Él nos prestó para adorarlo y servirle, con otros propósitos que no sean divinos, es una acción ofensiva que bien podría ser tomada como un pecado. Pero… ¿en realidad es algo malo?

No lo es.

Es un acto normal que ayuda a descubrirnos y a experimentar placer sin necesidad de interactuar directamente con alguien más y, aunque sea visto como algo erróneo por la Iglesia Católica (al igual que la homosexualidad o el sexo casual), no significa que quien lo realice sea un pecador inmoral. Sin embargo, ese tipo de ideales nacidos de creencias antiguas y retrógradas han hecho que decenas, si no es que miles de adolescentes, sientan pánico de mirar sus órganos sexuales y explorarse, a pesar de que lo deseen con una fuerza imposible de contener; esto provoca que desarrollen personalidades represivas y distintos problemas psicológicos aunados a esa contención, tal como menciona el psiquiatraChristopher Ryan en su texto “Sexual Repression: The Malady that Considers Itself the Remedy” (El mal que se considera a sí mismo como un remedio).

Imagina que tienes 16 años y nunca te has masturbado (lo cual, en la actualidad, ya es visto como algo extraño). Ya que estás en plena adolescencia es inevitable que sientas atracción por algún conocido o que te llame la atención algún actor de Hollywood con el cual fantaseas. De forma natural, tu cuerpo comienza a experimentar cambios y da impulsos para comenzar a tener actividad sexual; sin embargo, no te sientes listo para adentrarte en el sexo, pero tampoco te quieres masturbar porque piensas que Dios te observa y te castigará si lo haces. ¿Qué sigue entonces? ¿Aceptarlo o negarte el placer por temor a que un ente invisible libere su ira contra ti?

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Yes, God, Yes, un cortometraje lanzado este año por la autora y directora Karen Maine, juega con esa posibilidad y da como resultado una historia sobre qué tan irrelevante es la opinión de Dios cuando sólo buscamos complacer el cuerpo que nos pertenece. Este trabajo sólo necesita 10 minutos para revelar qué tan absurdos son los argumentos cristianos en contra de la masturbación y mostrar con claridad que tocarse es sólo parte de nuestra naturaleza y, aunque tratemos de verlo como un acto negativo, es absolutamente normal.

La protagonista, justamente una estudiante cristiana de aproximadamente 17 años, se encuentra en su hogar platicando en un chat privado sobre temas banales e inocentes, pero su vida cambia cuando un desconocido le comienza a enviar fotos de él y su pareja. Ella tiene miedo de ser descubierta mirando fotografías prohibidas, no obstante, su instinto parece ser más fuerte y la invita a continuar la conversación, provocando que se sienta confundida y comience a preguntarse: ¿por qué algo tan placentero puede ser tan malo? Así que intenta encontrar la respuesta en su escuela, un instituto religioso.

El trabajo, además de ser un fascinante espectáculo visual y a pesar de tener elementos altamente minimalistas, expresa la curiosidad y el ímpetu del despertar sexual en un adolescente, por si fuera poco, resalta el problema de la confusión cuando se encuentra con reglas que no parecen demasiado claras. ¿Por qué Dios está tan preocupado con nuestra masturbación y por qué si nos ama tanto, no nos permite disfrutar el cuerpo que –de acuerdo con la Biblia– se nos concedió? Sin necesidad de mostrar sexo explícito ni situar a los personajes en un entorno pervertido, el cortometraje ofrece una respuesta acogedora: al final, no importa.

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Es decir, el cortometraje no invita a renunciar a la religión sino a cuestionar lo que ha enseñado durante cientos de años: claro, Dios nos quiere para procrear, pero ¿por qué nos dio la habilidad de sentir placer al tocar nuestros penes o vaginas? Asimismo, ¿cómo es posible que todos los fieles tengan el poder de reprimir sus deseos y no sucumbir hacia el “infierno” de tocarse para eyacular o experimentar la dicha de la autoexploración?

La respuesta a esto último es: no lo hacen. Karen Maine, la directora, toma un riesgo grande al señalar algo que hemos sabido desde siempre: Aunque todos aseguren que no son pecadores, muchos hacen cosas en secreto que serían mal vistas por la religión. Bajo esa perspectiva podemos asegurar que masturbarse no tiene nada de malo; no herimos a nadie, no creamos una ofensa y definitivamente Dios no nos castigará por ello.

En la antigüedad, la masturbación era vista como un acto inmoral. Actualmente es vista como una actividad normal que se desarrolla desde la adolescencia como una forma de despertar sexual y de descubrimiento personal. No sólo toma relevancia en el aspecto biológico, sino en el psicológico: permite un desarrollo sano en el aspecto carnal y aleja los síntomas de represión, los cuales pueden derivar en depresión. Yes, God, Yes no es una atrevida carta erótica, es un retrato hilarante que revela lo absurdo de la prohibición y de cómo, a pesar de que los miembros de la Iglesia sean pecadores, llegarán a extremos idiotas para que sus seguidores vivan reprimidos, alejados de los placeres de la vida… ésta que nos regaló Dios.

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Mira Yes, God, Yes: